El éxito no es la clave de la felicidad. La felicidad es la clave del éxito.
Albert Schweitzer

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El arte de la guerra

25 agosto 2015
Estaba releyendo El arte de la guerra de Sun Tzu, considerado el tratado militar más antiguo del mundo (escrito hace unos 2.500 años), en el que encontraremos muchas relaciones con la gestión del equipo de la que los entrenadores somos responsables y me llama la atención un fragmento porque me ha parecido aplicable al éxito o fracaso de la relación entre entrenador y jugadores.
Sun Tzu








El arte de la guerra
“...

14. Ahora, el ejército está expuesto a seis calamidades, que no se derivan de causas naturales, sino de faltas por las que el general es el responsable. Estas son: (1) vuelo; (2) insubordinación, (3) el colapso, (4) la ruina; (5) la desorganización; (6) la derrota.

15. En igualdad de condiciones, si la fuerza es lanzada en contra de algo que se le opone con diez veces esa fuerza, el resultado será el vuelo de la primera fuerza.

16. Cuando los soldados rasos son demasiado fuertes y sus oficiales son demasiado débiles, el resultado es la insubordinación. Cuando los oficiales son demasiado fuertes y sus soldados demasiado débiles, el resultado es el colapso.

17. Cuando los oficiales superiores están enojados e insubordinados, y en la satisfacción de dar la batalla al enemigo por su propia cuenta hay un sentimiento de resentimiento, antes de que el comandante en jefe puede decidir si se encuentran en condiciones de luchar, el resultado es la ruina.

18. Cuando el general es débil y sin autoridad, y sus órdenes no son claras; cuando existen dudas en las tareas asignadas a los oficiales y a sus hombres, y las filas se forman de una manera fortuita y desaliñada, el resultado es la desorganización total.

19. Cuando un general, no puede estimar la fuerza del enemigo, y permite a una fuerza inferior salir avante contra una más grande, o lanza un destacamento débil contra uno poderoso, y se niega a colocar soldados elegidos en la primera fila, el resultado es la derrota.

20. Estas son las seis formas de llamar a la derrota, que deben ser tenidas muy en cuenta por el general que ha alcanzado un puesto de responsabilidad.

...“

equipo

Tomar decisiones estratégicas correctas

18 agosto 2015
En una entrada anterior hablaba de mini-batallas, esas acciones-enfrentamientos a veces individuales o a veces colectivas, en las que podríamos diseccionar el juego. Se me ocurre preguntarme si son todas las mini-batallas igual de determinantes, evidentemente la respuesta es no. Por lo tanto, si el partido está compuesto de muchas batallas, ¿cómo tomar decisiones estratégicas correctas para afrontar con garantías cada una de ellas?
Contacto
Cada equipo es diferente y cada uno intentará rentabilizar su juego según sus efectivos. Pero, si pudiéramos clasificar las acciones de nuestro equipo según la influencia que tienen en los partidos, tendríamos unas referencias para tomar decisiones ante cada situación ya que si, en teoría, unas afectan (en términos de efectividad) en mayor medida sobre el juego que otras podríamos ajustar nuestro propio sistema para ser más efectivos.

Si consideramos factores ajenos al equipo pero propios del partido; la situación en el campo, el tiempo de juego, la distribución de jugadores, el equilibrio de fuerzas, etc, etc. veremos que, no tiene las mismas consecuencias, por ejemplo, robar una melé en nuestra propia zona de 22 que en el centro del campo o atacar un espacio por el centro de la defensa que por un lateral o sufrir la presión del equipo contrario a 10 metros de nuestra zona de marca que a 40 metros o atacar zonas del campo con mayor que con menor concentración de jugadores.

Es necesario que los jugadores sean capaces de manejar los partidos, de observar y analizar, y rápidamente decidir cual es la mejor opción para encarar cada batalla reducida; en cada zona del campo, en cada momento del partido, según la dinámica y/o ritmo que va llevando el juego en las últimas acciones, etc, etc, etc.

Por lo tanto, afrontar cada situación puede resultar un éxito o un suicidio dependiendo de la de lectura previa de las variables y de las decisiones que se tomen en consecuencia.

batalla

estrategia

Quince batallas hacen una batalla

11 agosto 2015
Hace tiempo escuché a alguien decir que si cada jugador en el campo hace bien su trabajo y le gana la batalla particular a su oponente directo, la suma de esas victorias individuales daría como resultado ganar el partido. Esto es, de alguna manera, una definición de trabajo en equipo; quince batallas hacen una batalla.
Contacto
La lucha individual entre los primeras líneas durante las fases de melé, entre saltadores en los saques de lateral, de los centros frente a frente; son algunos ejemplos de enfrentamientos directos que se dan en el campo en forma de batallas individuales.

También lo es, cada situación de juego en la que se enfrentan 2 jugadores contrarios; placajes, carrera-evasión, duelos patada-recepción, presión a los pateadores, etc. O de pequeños grupos que, o bien atacando con continuidad avanzan con el balón, o que en acciones defensivas recuperan la posesión del balón; situaciones técnico-tácticas también son pequeñas batallas.

Pero no sólo las físicas, también las psicológicas cuentan; una buena acción es una inyección de energía para unos que por otro lado puede minar psicológicamente a los contrarios. Marcar y despegarse o marcar para acercarse en el marcador, ganar metros con una jugada ensayada, avanzar defendiendo, son algunos ejemplos más.

En definitiva, mini-guerras dentro de una gran batalla. Por lo tanto, estimulemos a nuestros jugadores para que ganen cada batalla, individual o colectiva, y que sean conscientes de que cada acción tiene una influencia directa sobre el juego general. Que la suma de todas las acciones nos haga ganar el partido.

batalla

Preservar el espacio

04 agosto 2015
En rugby hablamos muchas veces de preservar el espacio, pero realmente ¿qué queremos decir? Pues básicamente que, cuando seamos capaces de crear espacio, éste ha de mantenerse libre hasta que lo explotemos, cosa que el portador de la pelota y sus apoyos intentarán hacer lo antes posible, antes que desaparezca.
Contacto
Con un ejemplo se entenderá mejor. Imaginemos una situación de superioridad numérica de 2 contra 1 favorable al equipo atacante. Esto es, un portador del balón en carrera con un apoyo (también en carrera) avanzando hacia un defensor que intentará evitar ser superado por los atacantes.

El defensa puede ser fácilmente batido preservando el espacio por lo que una situación de dos contra uno debería resolverse siempre con éxito. Por ejemplo, si el portador del balón le fija y da un pase a su apoyo en el momento correcto entrando éste último en el espacio original. El portador preserva el espacio libre, comprometiendo al defensor, sin ocuparlo para que sea explotado por su apoyo cuando reciba el pase.

Podemos extrapolar esta idea desde una reducida situación técnico-táctica con el espacio entre los jugadores a situaciones mucho más complejas con unidades de ataque y defensa más numerosas. O incluso a perspectivas más genéricas en las que consideremos el espacio que hay entre dos equipos enfrentados, o a la espalda de la defensa, o incluso en los exteriores de ésta.

Cuando encontremos espacios, conservarlos hasta que decidamos explotarlos porque si ocupamos el espacio libre sin sacar provecho de él tendremos que volver a crearlo de nuevo.

En este ejercicio propuesto en http://www.rugbycoachweekly.net podemos ver un ejemplo de cómo explotar el espacio con una situación de 3 contra 2.

espacio

El contacto confunde al jugador y frena la continuidad del juego

28 julio 2015
Cuando el portador del balón decide atacar a la defensa, jugar dentro de ella sabiendo que entrará en contacto con el contrario, toma la decisión bien porque forma parte de un movimiento técnico-táctico programado y ‘es lo que toca’ o bien, por decisión personal adaptándose (en contra de lo programado) a esa situación particular; ha leído el entorno y ha considerado que atacar a la defensa es la mejor opción en ese momento.
Contacto
El caso es que cuando el jugador entra en contacto, se centra en ganar la lucha individual y, casi siempre, se olvida que la batalla no se acaba en el contacto sino que después de ganar la lucha por mantenerse de pie y mantener la posesión del balón, si no puede seguir avanzando, lo primero que se espera de él es que dé continuidad a su acción con un pase a un compañero en apoyo. Inmediatamente después, él mismo ha de reconvertirse en un apoyo efectivo del nuevo portador del balón, seguir siendo útil en todo momento.

Ganar la lucha del contacto es fundamental pero, en nuestros entrenamientos, propongo que no nos quedemos en los gestos técnicos. Hagamos entender a los jugadores que es necesario encadenar las acciones. Preparemos actividades acordes a ello de manera que el jugador, con o sin balón, busque siempre dar continuidad al juego.

Dando otra vuelta de tuerca, podemos trabajar la visión periférica durante el contacto para anticiparse a la defensa buscando esas rápidas opciones encadenadas de las que hablamos que aceleren la acción. No permitir que el contacto nuble la visión del jugador, ni que éste entre en un estado de ‘tunnel vision’ que le limite y que le impida percibir su entorno más cercano. Si unos segundos antes analizó la situación y tomó la decisión de atacar a la defensa, que siga analizando.

En este vídeo podemos ver algunos ejemplos para trabajar la continuidad y los apoyos...

contacto

continuidad

Retrospectiva de un entrenamiento

21 julio 2015
En mi opinión, todo entrenador debería asegurarse de que el jugador comprende la importancia de cada elemento del juego a través de los entrenamientos, no sólo en la teoría.
Graham Henry
Pero creo, fruto de la observación y de experiencias personales, que cuando los entrenadores preparamos sesiones de entrenamiento, a veces no dedicamos el suficiente tiempo a pensar si nuestros ejercicios realmente motivan a nuestros jugadores y si estamos haciéndoles mejorar y entender el juego; planteándoles nuevos retos y sometiéndoles a la presión suficiente para que el proceso de aprendizaje sea efectivo. Más bien, lo que hacemos es diseñar sesiones de entrenamiento que nos resulten cómodas de desarrollar, manteniéndonos en nuestra propia zona de confort. No basta con retar al jugador, también hemos de ponernos a prueba a nosotros mismos.

Por eso, después de una sesión de entrenamiento, de camino a casa, me gusta hacer un breve ejercicio de retrospectiva y repasar cómo fue la sesión, si cumplí con mi objetivo, si fui capaz de transmitir lo que quería, si los jugadores me entendieron, si asimilaron lo que entrenamos... si hice un buen planteamiento, si fui suficientemente claro y preciso, si fui didáctico, si manejé los tiempos así como los elementos del entrenamiento, si mantuve el nivel durante toda la sesión, etc... pero sobre todo, si nos divertimos y nos quedamos con ganas de más, de volver a entrenar el próximo día.

Creo que es un hábito muy constructivo, incluso si puedes compartirlo con otros entrenadores que estuvieron presentes observándote, resultará muy enriquecedor.

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